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Ávila, la ciudad de los vetones

Ávila capital fue en su día bautizada doblemente por los romanos, como Abula y Oppídum o ciudad de los vetones. La hegemonía de esta tribu prerromana, emparentada con los celtas, alcanzó también los dominios de las actuales Salamanca, Cáceres, Zamora o Toledo.

Los vetones ya habitaban en Ávila hace 2.500 años. Vivían en castros amurallados de piedra, de sólo una planta y techos de madera, barro o ramas. Eran un pueblo guerrero, aunque dedicado a la ganadería y al cultivo de cereales en los campos colindantes. En la actualidad, se conservan unos cuantos asentamientos de fácil acceso, como los de Las Cogotas, Ulaca, La Mesas de Miranda o el Raso.

A Ávila, los romanos la llamaban Abula y Oppídum o ciudad de los vetonesUlaca, en Villaviciosa, pudo ser la mayor ciudad celta de Europa. Son más de 60 hectáreas de superficie. Varios recintos se hayaban cerrados por murallas de perímetro superior a los 3.000 metros. Quedan cimientos de numerosas casas y monumentos como el Altar, labrado en un peñascal granítico. También, el Torreón de bloques de piedra junto a la fuente, la Fragua y varias canteras. Ulaca, casi una ciudad en toda regla, parece ser que fue abandonado por los vetones en el 72 a.C.

Por el buen estado de sus murallas también merece la pena una visita al castro de La Mesa de Miranda, en las afueras de Chamartín de la Sierra. Sus muros tienen más de 2.800 m de perímetro y forman un recinto de 30 hectáreas. Se conserva el foso semienterrado y áreas con suelo de piedras hincadas para dificultar el avance de los atacantes.

El símbolo más popular y original del arte vetón son los verracos, toscas esculturas en piedra de toros y cerdos, dedicadas a la magia protectora. Algunos se conservan junto a los castros, en sus ubicaciones originales, otros han visto crecer ciudades a su alrededor o han sido desplazados para ornamentar monumentos de posterior factura.

El conjunto más ilustre es el de los cuatro Toros de Guisando, situados en un prado en el municipio de El Tiemblo. Labradas en granito, su factura data de los siglos IV-III a.C., aunque una de ellas muestra en el lomo una inscripción romana.